
Se representa a Caronte como un viejo muy feo, de barba gris e hirsuta, vestido de harapos y con un sobrero redondo.
Los muertos, en pago por ser pasadas a la otra orilla, debían darle un óbolo. De ahí la costumbre de introducir una moneda en la boca del cadáver en el momento de enterrarlo.
Su misión es pasar las almas, a través de los pantanos del Aqueronte, hasta la orilla opuesta del río de los muertos. Conduce la barca fúnebre, pero no la rema, ya que son las propias almas quienes se encargan de ello. Se muestra con ellas tiránico y brutal como un verdadero subalterno.
Cuando Caronte descendió a los Infiernos, obligó a Caronte a pasarlo en su barca, y como éste se negó, el héroe se apoderó de la percha y le propinó tal paliza que el otro no tuvo más remedio que obedecer. Sin embargo, más tarde Caronte fue castigado por haber permitido que un ser viviente penetrase en el reino de los muertos, y por ello estuvo un año encadenado.
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Hijo de Érebo y Nix